El Monumento a los Raqueros condensa una memoria incómoda y reconocible del Santander portuario. La escultura no representa una estampa marinera idealizada, sino la presencia de niños pobres que frecuentaban los muelles y se arrojaban al agua para recuperar monedas.
Su inclusión en el catálogo permite conectar literatura, memoria popular, paseo marítimo y desigualdad histórica. La relación con Sotileza es importante porque ayuda a no leer los raqueros solo como motivo turístico contemporáneo, sino como figura social presente en el imaginario literario y urbano de la ciudad.