En la fotografía del 3 de agosto de 2026, la Isla de la Torre parece caber entera entre dos referencias. A la izquierda queda la masa arbolada de La Magdalena. A la derecha, una roca pequeña sostiene una baliza: es la Horadada, la misma peña rotulada junto a Ratones en el plano de 1726. En medio, el edificio blanco de la escuela de vela se posa sobre un islote bajo, casi unido visualmente a los barcos fondeados.
La imagen parece sencilla, pero reúne tres siglos de cambios. La isla ha tenido al menos tres nombres documentados, alojó un club que quiso convertir un peñón en mirador marítimo y terminó incorporada a la enseñanza de la vela. También carga con dos relatos muy repetidos —una batería de 1700 y un antiguo lazareto— que las fuentes consultadas no permiten presentar como hechos.
1726: la Peña de los Ratones
El documento más revelador no es una crónica, sino un mapa militar. El 26 de agosto de 1726, el ingeniero Jorge Próspero de Verboom firmó un plano de Santander, su puerto y las baterías que lo defendían. Al este de La Magdalena dibujó dos rocas. La menor aparece como «Peña oradada» . La otra, algo más grande, es la «Peña de los Ratones» . 1
La correspondencia con el paisaje actual es especialmente clara porque las dos peñas siguen juntas en la fotografía contemporánea. La Horadada conserva su nombre; Ratones es la isla que hoy llamamos Torre. El mapa no explica por qué recibió aquel primer topónimo, pero sí fija una denominación anterior a las versiones reales, deportivas o turísticas que llegaron después.
También obliga a mirar con cuidado la historia defensiva. Verboom señaló y enumeró las baterías de La Magdalena y del frente de la bahía. En Ratones no dibujó ninguna. Esa ausencia no demuestra que jamás hubiera una instalación provisional, pero impide usar el plano como prueba de la supuesta batería de la isla.
Antes de Corona ya era Torre
Entre 1726 y 1843 cambió el nombre. La Descripción del puerto de Santander publicada por la Dirección de Hidrografía en 1843 utiliza ya Isla de la Torre . La sitúa próxima a la costa y, unas líneas después, describe por separado la Horadada como un islote taladrado que formaba un puente natural. 2
El dato corrige una explicación extendida: el nombre Torre no nació de la visita de Isabel II. Cuando la reina llegó a Santander en 1861, los navegantes llevaban al menos dieciocho años encontrándolo impreso en un manual del puerto. Lo que ocurrió durante aquella estancia fue un intento distinto de rebautizar la isla.
La Corona que no cuajó
El Reino publicó el 31 de julio de 1861 una correspondencia sobre la estancia de la familia real en Santander. El texto cuenta que en la isla se había levantado una tienda de campaña con forma de corona. Al entrar Isabel II, se anunció que desde entonces el lugar se llamaría Isla de la Corona . La reina permitió el acceso de quienes estaban allí y el periódico le atribuyó una frase pensada para ser recordada: «¿no veis que debajo de la corona caben todos?». 3
La escena fue una parada festiva preparada para la visita, no un refugio improvisado ni un alojamiento de la reina. Y el nuevo nombre no arraigó. Corona sobrevivió en la anécdota; Torre siguió en las cartas, en los documentos y en el habla local.
El episodio muestra que los topónimos no siempre cambian por decreto o ceremonia. A veces una palabra ya asentada en la navegación y en la vida cotidiana resulta más resistente que el gesto político que pretende sustituirla.
1929: hacer sociedad en un peñón
La transformación física comenzó mucho después. El 1 de julio de 1931, La Voz de Cantabria dedicó una página completa a la isla bajo un titular que hoy suena tan llamativo como revelador: «Isla britanizada en la bahía de Santander». El periodista describía un club con barandilla, salón y whisky, y usaba esa apariencia cosmopolita para celebrar una iniciativa nacida en Santander. 4
El reportaje situaba el origen de la sociedad el 12 de marzo de 1929 . Empezó con dieciséis personas, encabezadas por José de Beraza; dos años después afirmaba contar con 741 socios . Sus impulsores solicitaron al Ministerio de Fomento la cesión de la isla y encargaron a Deogracias Mariano Lastra un pabellón social. 4
La página conserva dos fotografías esenciales: el edificio original de una sola planta y el grupo reunido durante la inauguración. Como la noticia del miércoles 1 de julio dice que el club se inauguró «el lunes pasado», la fecha resultante es el 29 de junio de 1931 . Es una deducción de calendario a partir del propio periódico, no una fecha copiada de un expediente de obras.
Un pabellón que quería ser barco
El Colegio Oficial de Arquitectos de Cantabria fecha el proyecto en 1930. Lastra colocó una planta rectangular sobre pilotes apoyados en la roca. Hacia el oeste la cerró con una rotonda semicircular, como una proa, rodeada por terraza y barandillas tubulares. El enfoscado blanco, los grandes ventanales y la ausencia de ornamento daban al conjunto una imagen racionalista y náutica. 5
El edificio que aparece en la fotografía de 2026 conserva esa voluntad de mirar al agua, pero no es idéntico al de 1931. Lastra lo prolongó hacia el este en 1945. En la década de 1970, un proyecto del ingeniero Agustín Gómez Obregón añadió la segunda planta. Más tarde se incorporaron almacenes para embarcaciones. 5
La continuidad institucional tampoco fue lineal. La Sociedad de Fomento de Caza y Pesca perdió su documentación anterior en torno a 1936. Su memoria conservada vuelve a la isla el 19 de agosto de 1943: la primera acta localizada trató como urgente renovar la concesión de Isla de la Torre, que entonces seguía siendo el domicilio social. 6
De club marítimo a escuela de vela
La Orden de 21 de julio de 1978 dio cobertura legal a otro uso. Autorizó a la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes a ocupar terrenos de dominio público marítimo-terrestre y construir una escuela de vela en la isla. La concesión se estableció por treinta años e incluyó condiciones sobre saneamiento, suministros y alumbrado exterior para no interferir con las señales del canal. 7
En 2012, una orden del Gobierno de Cantabria definía la Escuela Cántabra de Deportes Náuticos «Isla de la Torre» como centro de titularidad autonómica y regulaba sus cursos de vela ligera. 8 En la actualidad, la Real Federación Cántabra de Vela utiliza las instalaciones para iniciación, perfeccionamiento y otras actividades náuticas. 9
La imagen blanca y escalonada de hoy es también el resultado de un mantenimiento continuo en un ambiente agresivo. En noviembre de 2024, la Autoridad Portuaria de Santander dio por terminada la sustitución de ventanas exteriores y puertas peatonales y la reforma del almacén. La intervención duró once semanas y costó 82.280 euros. 10
Dos historias que no podemos repetir como certezas
La primera afirma que la isla fue fortificada en 1700 durante la Guerra de Sucesión. La investigación realizada para este artículo no ha localizado el expediente, plano o crónica contemporánea que lo pruebe. El mapa militar de 1726, dedicado precisamente a las defensas del puerto, muestra las baterías cercanas y no representa ninguna en la Peña de los Ratones. 1 No es una demostración absoluta de inexistencia; sí una razón suficiente para mantener la afirmación fuera del relato factual hasta que aparezca una fuente primaria.
La segunda presenta Torre como antiguo lazareto. Tampoco se ha encontrado respaldo documental para esa atribución. La Guía de Santander de Manuel Salomón, publicada en el mismo 1861 de la visita real, dedica una entrada al lazareto de la bahía y lo sitúa de forma inequívoca en la Isla de la Astilla o de Pedrosa , al este de El Astillero. 11 Es posible que la repetición turística haya mezclado dos islas y dos historias sanitarias distintas.
Decir que una pista no está demostrada no cierra la investigación. Señala dónde debe continuar: expedientes militares y portuarios, títulos de concesión, protocolos administrativos y prensa anterior a 1929. Hasta entonces, la incertidumbre forma parte de la historia de la isla.
Lo que queda dentro del encuadre
La fotografía actual permite volver al principio con otros ojos. La pequeña baliza de la derecha marca la roca que Verboom llamó oradada. El edificio central conserva, ampliada y transformada, la proa blanca ideada por Lastra. La masa verde de La Magdalena recuerda el punto desde el que los planos antiguos ordenaban la entrada a la bahía.
Ratones, Torre y Corona no son tres islas. Son tres formas de apropiarse del mismo lugar: nombrarlo desde la navegación, convertirlo en escenario de una visita real y hacerlo sede de una sociedad y una escuela. El nombre que sobrevivió fue Torre. La imagen que ha llegado hasta nosotros, en cambio, está hecha de todas sus vidas.
Notas
-
Jorge Próspero de Verboom, Mapa de la Villa de Santander y parte de sus contornos, 26 de agosto de 1726, Biblioteca Virtual de Defensa. ↩ ↩2
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Dirección de Hidrografía, Descripción del puerto de Santander e instrucción para la entrada y salida en él, 1843. ↩
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El Reino, 31 de julio de 1861, p. 2, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica. ↩
-
La Voz de Cantabria, «Isla britanizada en la bahía de Santander», 1 de julio de 1931, p. 16. ↩ ↩2
-
Colegio Oficial de Arquitectos de Cantabria, «Edificio para la Sociedad de Caza y Pesca». ↩ ↩2
-
Sociedad Cántabra de Fomento de Caza y Pesca, «Historia». ↩
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Boletín Oficial del Estado, núm. 232, 28 de septiembre de 1978, p. 22648. ↩
-
Boletín Oficial de Cantabria, núm. 107, Orden ECD/44/2012, 4 de junio de 2012. ↩
-
Real Federación Cántabra de Vela, «Escuela de Vela Isla de la Torre», consulta de 4 de agosto de 2026. ↩
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Autoridad Portuaria de Santander, «Finalizadas las obras de renovación del edificio de la Isla de la Torre», 28 de noviembre de 2024. ↩
-
Manuel Salomón y García, Guía de Santander, 1861, entrada «Lazareto». ↩