En el puerto de 1893, la organización obrera tenía un peso muy concreto. El Centro Obrero de Santander reunía 960 miembros en nueve sociedades, y 624 eran jornaleros o cargadores del muelle. Casi dos de cada tres afiliados procedían del lugar donde sacos, mineral, bacalao, carbón y mercancías cambiaban de barco, carro o vagón.
La cifra no describe toda la plantilla del puerto. Sí corrige una imagen demasiado limpia: los muelles no eran únicamente una obra de ingeniería ni un paisaje de vapores. Eran un mercado de trabajo discontinuo, físico y arriesgado, organizado por oficios y atravesado por diferencias de género.
Esperar jornal junto al agua
Las fuentes emplean palabras que no siempre significan lo mismo: jornalero , cargador , descargador , obrero del muelle y carguera . Conviene conservar esas diferencias. La contratación podía depender del tráfico del día, de listas o de capataces; una disputa sobre quién elegía cuadrilla podía decidir quién cobraba y quién volvía a casa sin jornal.
Los accidentes que llegaron a la prensa desde la década de 1870 muestran mujeres en la descarga. Son el mínimo visible, no una estadística completa. La investigación de Jordi Ibarz y Mònica Borrell permite verlas además como trabajadoras organizadas: en 1902 había 273 cargadoras afiliadas a UGT, frente a 675 hombres del sindicato portuario. Es una cifra sindical, no el censo total del muelle.
Las cargueras no fueron un apéndice
En 1901 se constituyó una Sociedad de Cargadoras del Muelle. A finales de ese año, una reclamación aparentemente extraña —trece reales para asociadas y doce para no asociadas— buscaba evitar que la patronal sustituyera a las organizadas por mano de obra más barata.
En mayo de 1902 hubo una huelga parcial de dos días. En julio, las cargueras se negaron a trabajar con un capataz impuesto y paralizaron labores en los vapores Jessmore y Bernilla . La prensa recogió que la Sociedad de Obreros del Muelle no las apoyó. La historia obrera no fue una cadena automática de solidaridades: también tuvo fronteras masculinas, competencia y desacuerdo.
En junio de 1903, las descargadoras de bacalao del Sardinia lograron un aumento de dos reales. En enero de 1904 participaron con obreros del muelle y carreteros en una huelga solidaria con marineros y fogoneros. Al año siguiente, la Junta Local de Reformas Sociales impulsó apartar a las mujeres del trabajo portuario. Presentada como protección, aquella política también podía retirarles un ingreso.
Del taller de imprenta al Ayuntamiento
El puerto no explica por sí solo el movimiento obrero santanderino. Los tipógrafos aportaron organización, periódicos y dirigentes. La Sociedad de Impresores, Litógrafos y Encuadernadores tuvo etapas de disolución y reorganización; no fue una institución inmutable. Eduardo Rado y Macario Rivero, ambos tipógrafos, presidieron o dirigieron la Federación Local de Sociedades Obreras creada en 1901 y fueron elegidos concejales en 1909.
Una breve huelga de La Tipográfica en 1913 reclamó pago semanal, fiestas abonadas, jornada de ocho horas, mínimos salariales y recargos por horas extraordinarias. Son demandas conocidas a través de la prensa obrera: deben leerse como la voz interesada de una organización, del mismo modo que los periódicos patronales o conservadores también construían su relato.
Los ferroviarios y la huelga de 1917
El 10 de agosto de 1917 comenzó la huelga ferroviaria convocada en España y el día 13 se extendió la huelga general. En Santander, el conflicto conectó estaciones, talleres y circulación de mercancías con el resto de los oficios urbanos. El estudio de Antonio Santoveña documenta que la represión posterior desmanteló temporalmente buena parte de la organización ugetista cántabra. No autoriza a trasladar a Santander todos los episodios de la historia nacional: la escala local debe reconstruirse con prensa, expedientes laborales y archivos de las compañías.
Una ciudad hecha por oficios
Socialistas, anarquistas, sociedades de resistencia, ateneos y asociaciones patronales compartieron y disputaron la ciudad. El muelle no era un mundo aislado: dependía del vagón, del carro, del almacén, de la imprenta y del hogar al que debía llegar un jornal irregular.
Tampoco conocemos todavía suficientes nombres de cargueras como para inventar protagonistas. Esa ausencia es parte del archivo: las mujeres aparecen colectivamente cuando sufren un accidente, reclaman o paran, mucho menos cuando realizan una jornada ordinaria. Devolverlas a los muelles exige contar lo probado y dejar visible lo que aún debe buscarse en padrones, actas y expedientes portuarios.