La catedral de Santander ya era una iglesia antes de llamarse catedral. Y Santander ya tenía habitantes, calles y puerto antes de recibir el título de ciudad. Las fechas de 1754 y 1755 cuentan cambios de rango institucional: ayudan a entender qué lugar ocupaban el templo y la población dentro de la Iglesia y de la monarquía.
La colegiata pasa a ser catedral
El 12 de diciembre de 1754, Benedicto XIV expidió la bula Romanus Pontifex . Los estatutos del cabildo catedralicio recuerdan que se hizo a petición de Fernando VI y que erigió la iglesia en catedral con obispo, dignidades y canónigos. La antigua colegiata de los Cuerpos Santos se convertía en sede de una diócesis.
El cambio tenía consecuencias para su gobierno. El artículo 19 de esos estatutos recoge la facultad de establecer y modificar las normas del cabildo con el consentimiento del obispo. También señala que Francisco Javier de Arriaza, elegido primer obispo en 1755, hizo los primeros estatutos de la nueva etapa. Detrás de la palabra «catedral» había una organización, además de un edificio.
La fotografía actual muestra el templo desde la plaza de las Atarazanas. Sirve para situar el lugar, pero no documenta su aspecto en 1754. La elevación eclesiástica tampoco debe confundirse con una fecha de construcción: la decisión se aplicó a una iglesia que ya existía.
El título real de 1755
La documentación municipal sitúa el título concedido por Fernando VI el 29 de junio de 1755 . Juan Antonio Iribarnegaray Jado transcribió parte del documento en su estudio sobre el comercio santanderino, indicando su procedencia del Archivo Municipal y su fecha en Aranjuez.
El pasaje relaciona expresamente el honor de ciudad con la nueva sede episcopal. En aquella lógica institucional, el lugar destinado al obispo debía distinguirse con ese título. La cédula de junio remite además a un decreto real anterior, de enero. Por eso conviene identificar el documento al citar la fecha: una decisión podía dejar varios testimonios escritos a lo largo de su tramitación.
La transcripción se consulta aquí a través del estudio de Iribarnegaray, no mediante una inspección del manuscrito original. Permite explicar el vínculo entre sede episcopal y título real, sin convertir la fecha de expedición en el nacimiento material de Santander.
Una precisión sobre 1754
La fórmula habitual —catedral en 1754, ciudad en 1755— resulta útil, pero necesita un matiz. El historiador Juan E. Gelabert sostuvo en su artículo Santander ciudad (12-12-1754) que la propia bula ya concedía la denominación de ciudad. Su lectura sitúa un reconocimiento pontificio anterior al documento de Fernando VI.
Esto impide presentar 1755 como si antes nadie hubiese atribuido ese rango a Santander. Se pueden distinguir el acto pontificio de diciembre de 1754 y la documentación real de 1755, sin hacerlos equivalentes ni borrar uno de ellos. La interpretación de Gelabert procede de su análisis del texto pontificio; este artículo no sustituye una edición y cotejo completos de la bula y los documentos reales.
Un rango nuevo en una población que cambiaba
El estudio municipal de la estructura urbana sitúa el título en un periodo de expansión comercial. Recuerda, entre otros cambios, la terminación del camino de Reinosa en 1753, que reforzó la conexión con el interior. El reconocimiento institucional se produjo dentro de esa transformación, aunque no basta por sí solo para explicar el crecimiento económico.
Al mirar la catedral, las dos fechas adquieren así un significado más preciso. En 1754 se reorganizó la sede eclesiástica; en 1755 quedó documentado el título real de ciudad. El templo, el puerto y sus habitantes continuaron allí, pero sus instituciones habían cambiado de posición.