El 11 de julio de 1187 no apareció una ciudad donde antes no había nada. Alfonso VIII concedió un fuero a un lugar que ya contaba con un puerto resguardado, ocupaciones antiguas en el promontorio de Somorrostro y un núcleo religioso dedicado a los mártires Emeterio y Celedonio.
El fuero fue decisivo, pero no fue un acto de creación desde cero. Organizó jurídicamente la villa, estableció privilegios y obligaciones y favoreció su desarrollo mercantil. Para entender lo que transformó hay que intentar ver un paisaje que la ciudad actual ha borrado casi por completo.
Un cerro entre la bahía y una ría
Somorrostro era una lengua elevada que se adentraba en la bahía. Al sur caía hacia el agua; al norte discurría la ría de Becedo. En su extremo occidental se asentó el conjunto religioso que con el tiempo daría lugar a la colegiata y a la catedral.
El puerto primitivo encontraba abrigo en torno a Becedo, no en la línea de costa que vemos hoy. Rellenos, muelles y calles ocuparon aquella ría. Por eso buscar la Puebla Vieja sobre un mapa contemporáneo exige dibujar una paleogeografía, no trasladar nombres de calles de manera automática.
Las excavaciones bajo el entorno catedralicio han proporcionado materiales y estructuras de época romana. Esa evidencia demuestra ocupación o uso del promontorio, pero no permite afirmar por sí sola que existiera una ciudad romana continua hasta la Edad Media ni identificar definitivamente el lugar con el Portus Victoriae Iuliobrigensium de las fuentes antiguas.
El núcleo de los Santos Mártires
La historiografía medieval sitúa en Somorrostro un pequeño centro monástico dedicado a Emeterio y Celedonio. La fecha exacta de su fundación y el relato del traslado de las reliquias pertenecen en parte a la tradición religiosa. Deben distinguirse de lo que acreditan los diplomas y la arqueología.
La iglesia baja del Santísimo Cristo conserva una forma material de esa superposición. No es una cápsula intacta del siglo XII: reúne fases constructivas y restauraciones, pero permite comprender que la catedral visible se apoya sobre edificios y niveles anteriores.
Qué cambió el fuero
El fuero de Santander pertenece a la política de Alfonso VIII hacia los puertos cantábricos. Castro Urdiales había recibido el suyo en 1163; después llegarían Santander en 1187, Laredo en 1200 y San Vicente de la Barquera en 1210.
El texto santanderino se relaciona con la familia foral de Sahagún y situó la villa bajo señorío abacial. Proporcionó un marco para población, concejo, comercio, pesca y navegación. No conviene convertirlo en una lista moderna de derechos ni atribuirle cada crecimiento posterior como efecto automático. Su importancia está en que hizo jurídicamente legible y gobernable una comunidad portuaria que ya existía.
La Puebla Vieja y el camino de Burgos
La Puebla Vieja ocupaba un espacio muy reducido sobre el promontorio. La Rúa Mayor avanzaba desde la puerta de San Pedro y el camino de Burgos hacia el conjunto religioso. Al norte discurrían la Rúa Menor y las Carnicerías; hacia Becedo se situaban las atarazanas.
La muralla comenzó a tomar forma hacia comienzos del siglo XIII, no necesariamente el mismo día del fuero. Su trazado obedecía al relieve y fue cambiando con el crecimiento. En el sector del Cabildo de Arriba, el estudio arqueológico municipal señala que algunas líneas son hipotéticas aunque aproximadas. Un posible cimiento no debe presentarse como resto ya excavado y confirmado.
Cuando el espacio alto se saturó, el poblamiento continuó fuera de la puerta, a lo largo del camino de Burgos, y se amplió hacia la Puebla Nueva o Baja, al otro lado de Becedo. La ciudad medieval fue así una sucesión de recintos, caminos y bordes portuarios, no un plano trazado de una vez.
Una imagen cuatro siglos posterior
La vista de Braun y Hogenberg muestra Santander en el último tercio del siglo XVI. Es la primera gran panorámica con la que podemos relacionar la villa, la bahía, los recintos y las pueblas. Pero fue dibujada casi cuatrocientos años después del fuero y utiliza convenciones propias de una vista corográfica. No es una fotografía ni un plano catastral medieval.
El incendio de 1941 y los desmontes de la reconstrucción terminaron de alterar las cotas y conexiones del núcleo antiguo. La Puebla Vieja es hoy prácticamente invisible, salvo por edificios, subsuelo y fragmentos de trazado que requieren interpretación.
Decir que hubo puerto antes que villa no pretende fabricar una continuidad perfecta desde Roma. Significa aceptar una historia más interesante: Santander se formó mediante ocupaciones, tradiciones, documentos y obras que no siempre encajan sin huecos. El fuero de 1187 no elimina esos huecos; marca el momento en que aquel lugar portuario comenzó a convertirse en una villa con nombre jurídico propio.