La historia de la Fábrica de Tabacos de Santander está hecha de fechas que no significan lo mismo. Una norma podía autorizar el establecimiento; un acuerdo municipal, buscarle espacio; una orden, disponer un traslado; y unas obras, prolongar durante meses su instalación. Reducir todo eso a una sola inauguración produciría una certeza que los documentos consultados no ofrecen.
También está hecha de una desproporción visible. El 1 de enero de 1900, la tabla oficial registró 1.121 operarias frente a 40 operarios repartidos entre máquinas y faenas generales. 1 Aquella fábrica fue sostenida principalmente por mujeres, pero una cifra no permite inventar sus voces, sus salarios o sus hogares. Para acercarnos a ellas hay que combinar documentos de época, fotografías y testimonios depositados, y marcar lo que aún falta.
Una fábrica antes de tener una fecha única
El decreto de 4 de julio de 1821 mandó establecer otra fábrica nacional de tabacos «en Santander ó provincias Vascongadas». 2 La conjunción importa: el texto fijaba una alternativa territorial y no demuestra por sí solo que Santander ya estuviera elegida ni que la producción hubiera comenzado.
Patricio Guerin Betts reconstruyó los pasos siguientes mediante documentos del Real Consulado y actas municipales. En enero de 1822 la ciudad ya tramitaba la instalación. Hubo una ubicación provisional y, el 25 de marzo de 1837, una orden dispuso el traslado al convento de Santa Cruz. Las subastas, obras y cuentas continuaron hasta febrero de 1838. 3
Estas referencias permiten contar una secuencia de decisiones y adaptación. No permiten fijar sin el expediente original un único día en que Santa Cruz se convirtiera, de una vez y para siempre, en fábrica en pleno funcionamiento.
1849: plantilla, socorro y un proyecto que no existió
Pascual Madoz describió la fábrica en 1849 y contabilizó 1.060 personas. Su texto explica que una Hermandad de Socorros cobraba una cuota mensual y prestaba asistencia médica, medicamentos, ayuda tras una enfermedad prolongada y gastos de entierro. 4
En la misma página aparece un dato fácil de deformar. El director había considerado instalar una escuela para los hijos de las operarias, de manera que sus madres pudieran verlos y alimentarlos durante la jornada. La falta de espacio impidió realizarla. Por tanto, la fuente documenta una necesidad reconocida y un proyecto frustrado; no una guardería en funcionamiento.
La hermandad tampoco puede describirse como un sindicato ni como un sistema completo de protección social. Para conocer su gobierno, continuidad y alcance real hacen falta reglamentos, cuentas y expedientes todavía no localizados.
La plantilla que quedó en una tabla
El convenio publicado en la Gaceta de Madrid de 25 de febrero de 1901 incluyó un estado del personal obrero existente en las fábricas de tabacos el 1 de enero de 1900. En la fila de Santander aparecen 1.121 operarias , 15 operarios de máquinas y 25 operarios de faenas generales . 1
El documento emplea esas categorías y esa división por sexo. Sirve para medir la centralidad del trabajo femenino y para observar que las dos categorías masculinas se nombraron de forma distinta. No es un promedio anual, una nómina individual ni una relación de talleres. Tampoco dice cuánto cobraba una trabajadora, dónde vivía o cómo aprendía el oficio.
Ese límite es decisivo. El catálogo del bicentenario y estudios posteriores ofrecen pistas sobre aprendizaje familiar, mecanización y cuidados, pero varias remiten a fondos de empresa o expedientes que aún deben consultarse. La historia colectiva no puede llenarse sumando anécdotas plausibles.
Reunirse, reclamar y dejar rastro
El 31 de diciembre de 1919, El Cantábrico informó de que las cigarreras se habían reunido la noche anterior para decidir su actitud ante el paro iniciado en la mayoría de las fábricas españolas. 5 La noticia prueba la asamblea y la deliberación local. No afirma que la producción santanderina se detuviera por completo.
El mismo periódico comunicó el 17 de enero de 1920 que el día anterior se había anunciado un aumento del 25 % en el precio de las labores, con efectos desde el 1 de octubre, y que las operarias lo recibieron con júbilo. 6 La Memoria de la Inspección del Trabajo correspondiente a 1920 añadió otro rastro: una Sociedad de cigarreras y tabaqueras de Santander , cuyo fin resumió como «mejora moral y material». 7
Las tres piezas revelan organización, negociación y una mejora comunicada. Quedan pendientes las actas de la Compañía Arrendataria y su memoria de 1920 para saber si hubo paro total o parcial, cuánto duró y cómo se resolvió en Santander. Hasta entonces, llamar huelga local completa a toda la secuencia sería ir más lejos que las fuentes.
1926: una fotografía y la mirada que la rodeaba
El 19 de abril de 1926, La Región llevó a su primera página una fotografía atribuida a DÚO MARCO. El pie la describe como un grupo de cigarreras y operarios en uno de los patios de la Fábrica de Tabacos. 8 La copia digital se conserva bajo licencia CC BY 4.0 en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica. 9
La imagen muestra personas reales y un espacio identificado por el periódico. El ejemplar no aporta sus nombres ni fecha la toma con mayor precisión. Tampoco conviene adoptar sin distancia el artículo que la acompaña: Maximiano G. Venero presentó a las cigarreras como resto de una tradición «castiza» y habló de jóvenes y mayores desde una mirada masculina y costumbrista.
La misma crónica recuerda un incendio ocurrido algo más de un año antes y el regreso a naves reconstruidas. Es un testimonio periodístico cercano, pero falta el parte o expediente que permita fechar el incendio y describir sus daños. La parada se fecha por la publicación comprobada de la fotografía, no por una supuesta fecha exacta del suceso.
Dos memorias personales, no una plantilla entera
Legado Cantabria conserva entrevistas realizadas en 2023 a María Sagrario Méndez Fernández y Marina Encarnación Lanza Anievas. Son dos voces identificadas, con fecha, entrevistadora y responsable de cámara y montaje. Son también dos trayectorias personales: no una muestra estadística de todas las cigarreras.
María Sagrario relató que entró en Tabacalera en 1965, trabajó como técnica de máquinas y pasó sus últimos cinco años laborales en limpieza. Su ficha recoge movilizaciones, la actividad del Grupo de Empresa y la continuidad de las relaciones entre compañeras después del trabajo. 10
Marina contó que empezó a los diecisiete años en la limpieza del depósito de Elaborados situado en Antonio López y que en 1968 pasó a la fábrica de Calle Alta. Allí trabajó en recogida de máquinas y en labores vinculadas a Farias y cigarrillos. Su padre, Avelino, había trabajado en Elaborados, y la economía de aquel hogar se completaba con agricultura y con la venta de hortalizas de su madre en el Mercado de la Esperanza. 11
El caso permite conocer un hogar concreto. No demuestra que la contratación fuera hereditaria ni que todas las familias combinaran los mismos ingresos. Para generalizar harían falta expedientes de personal, padrones, nóminas y un método de muestreo explícito.
2002: separar producción, edificio y vidas laborales
Altadis anunció en junio de 2000 un nuevo centro industrial en Cantabria que concentraría la producción de Gijón, Santander y Málaga. 12 En enero de 2001, una nota de la empresa incluyó Santander entre los centros cuyo cese contemplaba el plan de regulación autorizado. 13 La historia corporativa de la planta fecha en 2002 el traslado de la producción a Entrambasaguas. 14
Estas fuentes permiten fechar la decisión, el plan y el cambio productivo según la empresa. No permiten atribuir una única experiencia a toda la plantilla. Traslado de producción, cierre del centro de Calle Alta, prejubilación, cambio de puesto y continuidad laboral fueron procesos relacionados, pero no idénticos.
El recorrido urbano también necesita nombres precisos. El convento-fábrica de Santa Cruz está en la calle Alta. Las antiguas naves de Tabacalera que hoy ocupan la Biblioteca Central y el Archivo Histórico Provincial están en Ruiz de Alda, junto al puerto. 15 Confundir ambos edificios altera la historia del trabajo y hace que una fotografía o un plano parezcan probar lo que no muestran.
Lo que el hilo todavía no afirma
Siguen abiertos el origen exacto de las primeras instructoras, la documentación primaria de la crisis de 1842, los salarios y domicilios de una muestra verificable, el alcance local del conflicto de 1919–1920, el expediente del incendio recordado en 1926 y los archivos empresariales de la etapa final. También falta permiso para reproducir los testimonios audiovisuales; por eso se enlazan sus fichas y no se reutilizan voz o imagen.
El hilo no cierra esas preguntas. Las deja formuladas con localizadores y borradores de consulta para que una futura visita al archivo pueda ampliarlo sin reescribir como certeza lo que hoy solo es una pista.
Notas
-
Gaceta de Madrid, n.º 56, 25 de febrero de 1901, p. impresa 814. ↩ ↩2
-
Gaceta de Madrid, n.º 217, 1 de agosto de 1821, p. impresa 1176. ↩
-
Patricio Guerin Betts, El convento de Santa Cruz, 1986, pp. 42–47. ↩
-
Pascual Madoz, Diccionario geográfico-estadístico-histórico, tomo XIII, 1849, pp. 803–804. ↩
-
El Cantábrico, 31 de diciembre de 1919, p. 4. ↩
-
El Cantábrico, 17 de enero de 1920, p. 2. ↩
-
Instituto de Reformas Sociales, Memoria general de la Inspección del Trabajo correspondiente al año 1920, p. impresa 114. ↩
-
La Región, 19 de abril de 1926, p. 1. ↩
-
Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, ficha de La Región y licencia de la copia digital. ↩
-
Legado Cantabria, entrevista a María Sagrario Méndez Fernández, 26 de abril de 2023. ↩
-
Legado Cantabria, entrevista a Marina Encarnación Lanza Anievas, 26 de abril de 2023. ↩
-
Altadis, comunicado de 7 de junio de 2000. ↩
-
Altadis, comunicado de 8 de enero de 2001. ↩
-
Altadis, «Fábrica de Cantabria». ↩
-
Ministerio de Cultura, «Nueva sede del Archivo Histórico Provincial y Regional y Biblioteca Pública del Estado en Santander». ↩