Durante buena parte del siglo XIX, la luz de Cabo Mayor dependió de personas que vivían junto a ella. Los torreros —el nombre oficial que recibieron durante décadas quienes cuidaban los faros— conocían la óptica, vigilaban el mecanismo de giro, mantenían limpio el aparato y comprobaban que la señal conservara el ritmo por el que los navegantes podían reconocerla desde el mar.

El faro había comenzado a funcionar el 15 de agosto de 1839. Ocupó el lugar del Atalayón, desde donde antes se orientaba a las embarcaciones mediante banderas durante el día y fuegos por la noche. 1 La nueva torre convirtió aquella ayuda local en una señal estable. También exigió combustible, maquinaria y guardias durante todas las noches del año.

Tres torreros y una máquina

Una convocatoria publicada en la Gaceta de Madrid en noviembre de 1842 permite asomarse al funcionamiento del faro apenas tres años después de su estreno. El anuncio describía Cabo Mayor como un faro de segundo orden con sistema Fresnel y señalaba que necesitaba tres torreros con residencia fija. Estaba vacante la plaza del primero, dotada con 16 reales diarios, y se exigían conocimientos de maquinaria. 2

La lente de Fresnel concentraba la luz con mucha más eficacia que los sistemas anteriores. En Cabo Mayor se instaló una óptica francesa y un mecanismo de rotación de la casa Henry-Lepaute. 3 El aparato solo cumplía su función si permanecía limpio y ajustado. Cualquier alteración podía cambiar la apariencia que figuraba en las cartas y derroteros.

La residencia obligatoria respondía a esa necesidad. Los turnos cubrían la noche completa y una incidencia no podía esperar a que alguien llegara desde la ciudad. Los torreros vivieron inicialmente en dependencias de la base. Con el tiempo, la maquinaria y los equipos de reserva ocuparon ese espacio; en 1935 se construyó el edificio anexo destinado a viviendas. 1

Una secuencia que debía ser exacta

En noviembre de 1877, otro aviso de la Gaceta de Madrid informó de la reparación de la máquina que hacía girar la envolvente del aparato. La intervención devolvió a la luz su apariencia reglamentaria, con eclipses de minuto en minuto. 4 El breve texto revela una parte esencial del oficio: la señal debía ser visible y mantener una secuencia precisa, porque esa secuencia identificaba el faro.

Diez años después, un expediente administrativo dejó un testimonio más difícil. La luz de Cabo Mayor se había apagado y la investigación alcanzó a varios trabajadores de Cabo Mayor y de la isla de Mouro. La resolución impuso sanciones distintas a Esteban Ibáñez, torrero mayor, y José Anciola, torrero segundo, además de a dos torreros de Mouro. 5

El documento cuenta la versión de la Administración y debe leerse con cautela. La propia orden advertía que el apagado de una luz no demostraba por sí solo la ausencia del encargado: también podía deberse a otras causas o a un descuido durante la vigilancia. Su interés histórico está en mostrar la cadena de responsabilidades, la obligación de comunicar las incidencias y la presión que acompañaba a una señal de la que dependían barcos y tripulaciones. Una resolución disciplinaria no resume la trayectoria de aquellos hombres.

Cambiar la óptica sin apagar la costa

La tecnología fue transformándose, aunque el servicio debía continuar durante las obras. Un aviso a los navegantes de 1921 anunció la instalación de un nuevo aparato óptico en Cabo Mayor. Para montarlo era necesario desmontar el torreón, la linterna y la óptica existente, y reformar la parte superior de la torre. Los trabajos se calculaban en unos tres meses. 6

Mientras durara la intervención, un aparato universal instalado en la azotea mantendría la señal. La luz provisional tendría dos relámpagos blancos cada 7,5 segundos y un alcance medio de 16 millas. Publicar estos datos permitía que los navegantes supieran qué debían buscar durante el cambio. El catálogo estatal de faros con valor patrimonial registra una modificación de la óptica en torno a 1920, coherente con las obras anunciadas al año siguiente. 3

Las fuentes consultadas no coinciden en la fecha exacta de la electrificación. Pueden estar refiriéndose a decisiones, obras o entradas en servicio distintas. Sí está documentado que, a lo largo del siglo XX, el complejo incorporó alimentación eléctrica, equipos de reserva, una sirena para la niebla y un radiofaro. La señal pasó a combinar luz, sonido y radio.

De la linterna a la navegación por satélite

La automatización redujo la necesidad de mantener guardias como las del siglo XIX, pero el faro conservó su función. Hoy Cabo Mayor sigue integrado en la red de ayudas a la navegación de la Autoridad Portuaria de Santander. Su luz blanca emite dos destellos cada diez segundos —0,4 segundos de luz, 2,1 de oscuridad, otros 0,4 de luz y 7,1 de oscuridad— y alcanza 21 millas náuticas. El plano focal se encuentra a unos 91 metros sobre el nivel del mar, mientras que la torre mide treinta metros desde el terreno. 7

Junto a la señal luminosa funciona la estación DGPS de Cabo Mayor. Emite correcciones para el posicionamiento de los buques y forma parte de una red costera aprobada en 1998. Puertos del Estado explica que estas estaciones se concibieron para cubrir el litoral con una precisión horizontal mejor de diez metros, aviso rápido de fallos y alta disponibilidad. 8

El oficio cambió de herramientas. Los torreros de 1842 cuidaban una lente, un quemador y un mecanismo de rotación; los técnicos actuales mantienen sistemas eléctricos, electrónicos y de comunicaciones. Desde el mar, la finalidad permanece: ofrecer una referencia fiable en la entrada de Santander.

La torre conserva las huellas de esa evolución. La antigua residencia y los espacios ocupados por maquinaria forman parte hoy del Centro de Arte Faro Cabo Mayor, mientras la señal continúa en servicio. La visita permite conocer un edificio histórico que sigue cumpliendo su trabajo. Cabo Mayor todavía da luz; lo que ha cambiado es la forma de producirla, vigilarla y hacerla llegar a quienes navegan.

Notas

  1. Autoridad Portuaria de Santander, historia del Faro de Cabo Mayor, 5 de noviembre de 2025. 2

  2. Gaceta de Madrid, 10 de noviembre de 1842, convocatoria para el servicio del faro.

  3. Ministerio de Cultura, Catálogo de faros con valor patrimonial, ficha de Cabo Mayor. 2

  4. Gaceta de Madrid, 25 de noviembre de 1877, aviso sobre la reparación del aparato de rotación.

  5. Gaceta de Madrid, 30 de noviembre de 1887, resolución del expediente sobre el servicio en Cabo Mayor y Mouro.

  6. Gaceta de Madrid, 11 de abril de 1921, aviso a los navegantes sobre la sustitución de la óptica.

  7. Autoridad Portuaria de Santander, ficha técnica «Faro de Cabo Mayor».

  8. Puertos del Estado, descripción de la Red Española DGPS para la Navegación Marítima.