El sol deja una franja de luz sobre la bahía. A la izquierda, un edificio blanco ocupa una isla baja; un poco más allá, una roca sostiene una baliza. Desde el alto junto al edificio de La Horadada, en Los Peligros, ambos parecen próximos. El agua los separa y el contraluz los reúne en una misma silueta.

La fotografía fue tomada el 31 de octubre de 2026. Las ramas que entran por los bordes y las rocas del primer plano conservan el lugar desde el que se miró: estamos en tierra, algo elevados sobre el agua. Más lejos se suceden una franja clara de arena, una orilla oscura y varios perfiles de relieve. Entre esos planos caben una escuela de vela, un arco desaparecido y las señales con las que se reconoce un peligro al navegar.

Un edificio blanco sobre la roca

La construcción de la izquierda pertenece a la isla de la Torre . Su volumen escalonado destaca sobre un islote mucho más bajo. Las ventanas y las líneas horizontales se distinguen incluso con la fachada en sombra; la luz del cielo atraviesa algunos huecos de la parte alta.

El origen de esa arquitectura está en un proyecto de Mariano Lastra de 1930 para la Sociedad de Fomento de Caza y Pesca. El catálogo del Colegio Oficial de Arquitectos de Cantabria describe un pequeño edificio blanco de una planta, apoyado sobre la roca mediante pilotes, con formas rectangulares, ventanas horizontales y ausencia de ornamentación. La construcción fue transformándose: en la década de 1970 se añadió una segunda planta. La silueta fotografiada reúne, por tanto, distintas etapas y no reproduce intacto el pabellón inicial. 1

Hoy la isla alberga la escuela de vela de la Real Federación Cántabra de Vela. Sus instalaciones incluyen aulas, espacios para embarcaciones y alojamiento; la enseñanza abarca la iniciación y el perfeccionamiento. 2 Saberlo cambia la lectura del edificio: detrás de esas ventanas hay un lugar dedicado a aprender a moverse por el agua que ocupa casi toda la fotografía.

La isla tiene además una historia de nombres, planos y proyectos que merece su propio recorrido. La contamos en Ratones, Corona y Torre . Aquí basta retener su posición: es la referencia construida más visible de esta escena y el primer punto al que vuelve la mirada después del sol.

La Horadada: el arco que ya no vemos

A la derecha de la isla asoma otra roca, mucho más pequeña, coronada por una señal. Es la peña de La Horadada . Conviene distinguirla del edificio de La Horadada, situado en la orilla junto al punto desde el que se tomó la imagen. El nombre compartido acerca en la conversación dos lugares que el agua mantiene separados.

La peña tuvo un arco natural. Un temporal lo destruyó en 2005, como recoge la guía municipal Santander en el Camino de Santiago . Esa misma publicación conserva la leyenda que explicaba el agujero: una barca de piedra con las cabezas de los santos Emeterio y Celedonio habría atravesado la roca al llegar a Santander. 3

La tradición permite entender el vínculo de la peña con los patronos de la ciudad; no es una explicación geológica de la formación del arco. La historia del culto y sus relatos continúa en Las cabezas que dieron nombre a Santander .

En esta fotografía el hueco perdido no puede reconocerse. Queda una silueta baja y, por encima, la baliza. Comparar lo que se ve con una imagen antigua introduce una diferencia decisiva: un nombre puede durar más que la forma que lo hizo comprensible. Quien conoce el arco lo recuerda al mirar; quien llega por primera vez necesita que alguien le señale su ausencia.

La señal que sigue sobre el agua

La baliza de La Horadada cumple una función actual. La Autoridad Portuaria de Santander la incluye en su inventario de ayudas a la navegación como señal de peligro aislado . 4 La pequeña roca que desde tierra forma parte de la vista es también un obstáculo que debe reconocerse desde una embarcación.

El encuadre contiene otras boyas y señales. Algunas apenas sobresalen; otras dibujan perfiles más altos hacia la derecha. La distancia y el contraluz no permiten asignar a cada una un nombre con seguridad. Tampoco el brillo de la superficie permite deducir la profundidad del agua. La fotografía muestra posiciones y siluetas, pero no sustituye a la carta de navegación.

Esa diferencia entre mirar y navegar da otra escala al paisaje. Desde el alto, el agua parece un espacio continuo. Para quien lleva un barco, hay referencias que consultar y pasos que reconocer. En Por dónde entra un barco en Santander seguimos ese recorrido con sus señales y sus límites.

La otra orilla, detrás de la luz

Al fondo se distingue una franja clara, muy baja, antes de los perfiles oscuros. Su posición es compatible con el frente arenoso de El Puntal–Somo, aunque esta imagen no permite deslindar sus tramos. El folleto de Turismo de Cantabria sobre Somo explica el papel de Las Quebrantas y El Puntal como arenal que protege la bahía del oleaje del Cantábrico. 5

Esa referencia ayuda a leer la escena: entre el agua del primer plano y los relieves del fondo existe una costa baja que, a esta distancia, casi se reduce a una línea. No hace falta poner nombre a cada cumbre para apreciar cómo se superponen las orillas. Los perfiles más lejanos pierden contraste y el sol concentra la atención en una parte del horizonte.

De vuelta al primer plano, el reflejo se fragmenta sobre las pequeñas ondulaciones. Las ramas oscuras siguen en los bordes. La isla de la Torre y La Horadada ocupan poco espacio en la fotografía, pero ya se distinguen como dos lugares: uno conserva un edificio donde se enseña a navegar; el otro, una señal sobre la roca y un nombre que recuerda un arco.

Notas

  1. Colegio Oficial de Arquitectos de Cantabria, 50 × 50, ficha «Edificio de la Isla de la Torre 1930». Texto indexado consultado el 31 de octubre de 2026; el acceso directo al PDF no estuvo disponible. ↩

  2. Real Federación Cántabra de Vela, «Escuela de Vela Isla de la Torre», consultada el 31 de octubre de 2026. ↩

  3. Ayuntamiento de Santander, Santander en el Camino de Santiago, pp. 28–29. El relato de la barca se presenta en la fuente como leyenda; la pérdida del arco se fecha en 2005. ↩

  4. Autoridad Portuaria de Santander, «Ayudas a la navegación», ficha «Baliza Peña Horadada», identificador 221, consultada el 31 de octubre de 2026. ↩

  5. Turismo de Cantabria, folleto «Somo — Playas», texto indexado consultado el 31 de octubre de 2026. Se utiliza para el contexto del arenal, no para identificar los relieves de la fotografía. ↩