El 1 de mayo de 1931, quien marcaba 03, 07 o 09 en Santander no esperaba que una máquina resolviera la llamada. Al otro lado aparecía la voz de una telefonista. Casi cinco años antes, la ciudad había estrenado la primera central automática de Telefónica. Las operadoras, sin embargo, seguían allí.

La aparente contradicción explica mejor el cambio que la palabra automático . La central Rotary podía conectar muchas llamadas locales sin mediación humana, pero la red conservaba tareas que aún necesitaban oído, memoria, mecanografía y capacidad para ordenar varias peticiones a la vez. Un reportaje de La Voz de Cantabria permite acercarse a ese reparto del trabajo en 1931. También obliga a leer con cuidado: el periodista observó puestos y turnos, pero envolvió a las trabajadoras en los tópicos de feminidad de su tiempo. 1

El automático tenía fronteras

En una central manual, una luz o una señal avisaba de que un abonado quería llamar. La telefonista identificaba la línea, preguntaba el destino, insertaba clavijas y encaminaba la comunicación. La Rotary trasladó buena parte de esa secuencia a mecanismos electromecánicos: el disco enviaba impulsos, un registrador recogía las cifras y buscadores y selectores abrían la ruta hasta otro abonado de la misma central. 2

El 26 de agosto de 1926 entró en servicio en Santander la primera central automática de Telefónica. Conviene conservar el apellido: no fue necesariamente la primera automática instalada en España. Una historia técnica de la propia compañía cita equipos anteriores en Balaguer y San Sebastián. El hito santanderino fue abrir el despliegue automático de la CTNE. 3

Tampoco convirtió toda la red en automática. Si la comunicación debía continuar hacia una central manual, un servicio especial o una ruta interurbana, la máquina conducía la llamada hasta otro cuadro y allí intervenía una operadora. El disco había acortado la cadena; no la había hecho enteramente mecánica.

Tres números, tres trabajos

El reportaje de 1931 recorre esa parte humana a través de tres números. El 03, que también atendía como 02, recibía consultas sobre números y redes, además de reclamaciones. El diario le atribuía unas 3.000 llamadas diarias. No conocemos el registro de tráfico ni el método de esa cifra, así que dice lo que publicó el cronista, no lo que una estadística independiente haya confirmado. 4

En el 07, dos telefonistas escribían a máquina los telefonemas que el abonado dictaba desde su aparato. La voz se convertía en una tira de papel. Era una tarea distinta de unir dos teléfonos: exigía escuchar, transcribir y conservar el mensaje con precisión.

El 09 atendía las conferencias, el nombre habitual para las llamadas de larga distancia. El reportero encontró cuatro, seis u ocho mujeres en el cuadro según el momento y recogió las protestas que recibían cuando una comunicación tardaba. La demora de la red se hacía audible en su puesto de trabajo.

Información, reclamaciones, telefonemas y conferencias explican por qué las voces sobrevivieron al automático. La tecnología no sustituyó una ocupación completa en una fecha. Separó operaciones: algunas pasaron a los ejes, relés y selectores; otras permanecieron en los auriculares y teclados.

Una central que no podía quedarse sola

La Voz de Cantabria decía que el teléfono no podía quedar desatendido «ni un segundo» y describía cuatro turnos. Según su reparto, las telefonistas trabajaban seis horas de madrugada, cinco de noche, siete por la mañana y ocho por la tarde, con relevos y descansos para comer o merendar. 5 La frase no permite reconstruir las horas exactas de entrada y salida. Sí muestra un servicio continuo sostenido por jornadas desiguales.

La selección también estaba reglada. El artículo afirmaba que las aspirantes debían tener entre 16 y 24 años, medir al menos 1,50 metros y saber aritmética, geografía, mecanografía y ortografía, además de acreditar buen oído. Situaba el sueldo inicial en 1.500 pesetas anuales, con subida a 2.000 y un máximo de 6.000 para aptitudes que la empresa considerara relevantes. 6

Esos detalles proceden de un periódico, no del reglamento laboral que los habría fijado. Se publican, por tanto, atribuidos a la fuente. Aun con ese límite, la lista de conocimientos desmiente la imagen de una voz amable como cualificación suficiente. Había aprendizaje técnico, velocidad y responsabilidad sobre comunicaciones que podían fallar en cualquier punto de la cadena.

Modernas mientras siguieran solteras

La modernidad del empleo tenía un límite explícito. El reportaje decía que la compañía no admitía operadoras casadas y presentaba el matrimonio como causa de salida forzosa. La investigación sobre las telefonistas de la CTNE confirma esa incompatibilidad como una condición general de la compañía. 7

La misma prensa que enumera saberes y jornadas reduce luego el oficio a paciencia, suavidad y aptitudes supuestamente femeninas. El cronista asegura que un hombre duraría cinco minutos en el puesto 03, pero no convierte esa dificultad en una reivindicación profesional. Presenta nervios, oído y atención como rasgos naturales de las mujeres.

Ese lenguaje no es una ventana transparente a lo que ellas pensaban. El reportaje fue escrito por Maximiano G. Venero; las fotografías aparecen acreditadas a «F.º Alejandro». Incluye al menos dos intervenciones breves y anónimas de operadoras, filtradas por el propio cronista. No disponemos aquí de diarios, cartas o entrevistas que permitan reconstruir cómo valoraban aquellas mujeres el trabajo, el salario o la obligación de dejarlo al casarse.

La bibliografía especializada ayuda a entender esa distancia. Telefónica promovió la figura de la telefonista como icono moderno y cercano mientras organizaba su actividad con disciplina, supervisión y una carrera muy limitada. La imagen pública y las condiciones materiales no eran relatos independientes: formaban parte del mismo modelo de empleo. 8

Veintiocho que son veintinueve

En su última columna, el reportaje anuncia que los cuatro turnos se distribuyen entre «veintiocho señoritas operadoras». A continuación imprime una relación de nombres. Contados uno a uno, son 29 si se incluye a Cesárea Díaz, a quien el propio texto presenta después como jefa del personal femenino y atribuye 25 años de servicio. 9

La diferencia admite al menos dos explicaciones: quizá la jefa no entraba en el total de operadoras o quizá hubo un error al contar o componer la página. Sin una nómina o un estadillo de personal no podemos elegir. Por eso la lista sirve para devolver nombres al relato, pero no para cerrar la plantilla en una cifra exacta.

El mismo pasaje dice que las trabajadoras más expertas enseñaban los secretos del teléfono y daban prácticas a 18 compañeras ingresadas desde 1925. También aquí falta el expediente laboral que permita saber quiénes formaban cada grupo. Lo que sí muestra la noticia es una transmisión interna del oficio: las recién llegadas aprendían de quienes conocían la red anterior y la nueva.

Las personas dentro del sistema

La Rotary de Santander ocupa un lugar importante en la historia técnica española. Mirarla desde 1931 añade algo que la fecha inaugural deja fuera. El cambio no ocurrió solo en las máquinas; ocurrió en el reparto de tareas, en los números especiales, en los turnos y en las condiciones impuestas a las mujeres que mantenían la comunicación cuando el mecanismo no bastaba.

El automático hizo invisibles algunas manos al permitir que el abonado marcara directamente. Otras siguieron contestando detrás de 02, 03, 07 y 09. Recuperarlas no exige inventar su intimidad ni suavizar las reglas de la empresa. Basta con leer el documento en sus dos capas: como descripción excepcional de un trabajo y como ejemplo de la mirada que quiso convertirlo en una voz femenina sin mostrar del todo la profesión que la sostenía.

Notas

  1. Maximiano G. Venero, «Película breve de la señorita telefonista», La Voz de Cantabria, 1 de mayo de 1931, p. impresa 16/PDF 15. La página completa sostiene los puestos, turnos y condiciones; su vocabulario paternalista se trata como parte del documento, no como voz editorial actual.

  2. Carlos Calvo Martínez, Centrales de conmutación electromecánicas de Telefónica, 2024, PDF pp. 3-8.

  3. Calvo, 2024, p. 5; Carolina Rodríguez Villanueva y Javier García Algarra, 90 años de innovación y tecnología, 2019, p. impresa 60 / PDF 62. Esta última obra fecha la inauguración el 26 de agosto y menciona los antecedentes de Balaguer y San Sebastián.

  4. Venero, 1931, p. 16, apartados «La señorita 03» y «La señorita 07».

  5. Venero, 1931, p. 16, apartado «La jornada».

  6. Venero, 1931, p. 16, apartado «El examen de las telefonistas».

  7. Venero, 1931, p. 16, «Eliminación forzosa»; Begoña Villanueva García y Javier García Algarra, «Iconos adaptativos», Re-visiones, 12, PDF p. 5.

  8. Villanueva García y García Algarra, «Iconos adaptativos», PDF pp. 1 y 4-7.

  9. Venero, 1931, p. 16, columna final. El recuento manual da 29 nombres; la fuente no explica si Cesárea Díaz queda fuera de la cifra 28 por ser jefa.