En la fotografía aérea de 1956-1957, la plaza de toros de Cuatro Caminos es el círculo que ordena todo el paisaje. Al norte se agrupan las construcciones del ámbito del matadero municipal. Más allá avanzan calles, viviendas y talleres. El lugar que había sido elegido como borde de Santander ya estaba dentro de la ciudad.

Hoy asociamos ese entorno con la plaza y el Mercado de México. La sucesión parece sencilla: primero un matadero, después un mercado. Los documentos cuentan algo más extraño. El servicio llegó a Cuatro Caminos en 1797, el complejo fue rehecho durante el siglo XIX, cerró en 1972 y, antes del aparcamiento y el mercado, el solar sirvió para jugar a la petanca.

No fue un edificio convertido en otro. Fue una infraestructura apartada por la ciudad, rodeada por su crecimiento y finalmente sustituida mediante varias operaciones urbanas.

El matadero llegó en 1797, no en 1896

La primera fecha corrige una confusión frecuente. Carmen Delgado Viñas sitúa en 1797 la sustitución del matadero próximo a San Francisco por un servicio en Cuatro Caminos. Aquel traslado no demuestra que las naves visibles siglo y medio después fueran las mismas. Fija la implantación municipal en el lugar. 1

La elección encaja con la geografía de la época: Cuatro Caminos quedaba en el borde de la población consolidada y permitía separar una actividad necesaria del núcleo urbano. No hemos localizado en acceso público el acta de 1797, por lo que no conviene atribuir la decisión a una causa exclusiva ni reconstruir una obra que la fuente académica no describe.

El recinto cambió con el tiempo. Carmen Gil de Arriba fecha entre 1879 y 1892 una campaña de construcción del matadero municipal al sur de Cuatro Caminos. José Simón Cabarga atribuyó a 1896 la inauguración del complejo que describió en su guía de 1946. 2 3

Las tres fechas responden a preguntas diferentes:

  • 1797 : implantación del servicio en Cuatro Caminos.
  • 1879-1892 : campaña prolongada de obras.
  • 1896 : inauguración atribuida al complejo modernizado.

Sin los expedientes de obra y recepción no sabemos si aquella campaña fue una reconstrucción total, una ampliación o varias fases. La prudencia permite entender mejor el lugar: el matadero no nació de una vez.

Una máquina municipal para abastecer la ciudad

La descripción de Cabarga muestra un recinto organizado por funciones. Había una nave para ganado vacuno y otra para cerdos, ovejas y aves; mondonguería, tres corrales, horno crematorio para decomisos y cuatro pabellones destinados a oficinas y viviendas de personal. 3

Esa lista convierte el matadero en algo más que una sala de sacrificio. Era una pieza del abastecimiento: recibía animales, separaba especies y tareas, permitía inspecciones, trataba vísceras y retiraba productos declarados no aptos. El diseño reunía trabajo manual, conocimiento profesional, control veterinario y administración municipal.

Arnaldo Leal estudió entre 1971 y 1975 el vocabulario y la experiencia de matarifes, carniceros, ganaderos y otros profesionales del circuito de la carne. Su investigación incluye Santander y otros lugares, por lo que no podemos trasladar cada frase de sus entrevistados al edificio de Cuatro Caminos. Sí ayuda a recuperar algo que los planos omiten: esos oficios poseían técnicas, jerarquías y palabras propias. 4

La mondonguería enlaza además con la historia de las tripicalleras de Santander, ya tratada en otro artículo de este archivo. Aquí basta con situarla como una dependencia del matadero. Convertirla en una nota pintoresca repetiría aquella historia y reduciría un trabajo especializado a decoración costumbrista.

La ciudad alcanzó el borde

El matadero había sido desplazado fuera del centro, pero Cuatro Caminos no permaneció inmóvil. La plaza de toros ocupó parte de los terrenos del entorno y abrió en 1890. Las vías, los barrios de la ladera, los equipamientos y las nuevas calles fueron cerrando la distancia.

El vuelo de 1956-1957 hace visible el cambio. La plaza de toros permite orientar la imagen; inmediatamente al norte aparece el ámbito del matadero, ya rodeado por una trama densa. La fotografía no autoriza a rotular cada nave ni a dibujar el recinto histórico a ojo. Sí prueba una relación urbana decisiva: una instalación situada en el borde había quedado envuelta por Santander.

Ese desplazamiento relativo ayuda a explicar el final, pero no lo causa por sí solo. Cerrar un matadero municipal también exigía otra infraestructura capaz de asumir el servicio y un acuerdo que reorganizara la cadena de abastecimiento.

El cierre fue un convenio, no una desaparición instantánea

Una sentencia del Tribunal Supremo de 1981 reconstruye la operación. El Ayuntamiento aprobó el 3 de agosto de 1972 un convenio con Matadero Frigorífico de Santander, S. A., MAFRISA. La escritura se otorgó el 4 de septiembre y la comunicación al sector anunció que, desde el 15 de septiembre , el matadero municipal quedaría clausurado y el servicio se prestaría en las instalaciones de la empresa. 5

La sentencia se ocupaba de un litigio posterior de industriales tablajeros. Sirve para fijar los actos y las fechas que reproduce, no para evaluar por sí sola la calidad del nuevo servicio ni la experiencia de todos los trabajadores.

Tampoco dice cuándo cayó el último muro de Cuatro Caminos. Cierre administrativo, traslado de la actividad y derribo material son hitos distintos.

Petanca en el solar del matadero

El intervalo aparece en una fuente improbable. La Memoria Deportiva 1974 de la Federación Cántabra de Bolos conserva un montaje de recortes periodísticos sobre concursos de petanca. Uno de los titulares anuncia la competición «en el solar del Matadero (Cuatro Caminos)» . Otro celebra el resultado del torneo en el mismo lugar. 6

El montaje no muestra la cabecera ni el día de publicación. No es un acta de derribo y no permite afirmar qué ocurrió con cada construcción menor. Pero la sección está identificada como petanca de 1974 y el lenguaje es inequívoco: para entonces el lugar ya era reconocido como solar.

La desaparición del edificio queda así encerrada entre dos documentos: después del cierre de septiembre de 1972 y antes de esos recortes de 1974. Dar un día exacto sería inventarlo.

La petanca aporta algo más que una curiosidad. Durante un tiempo, el recinto del abastecimiento no fue todavía plaza, mercado ni aparcamiento. Fue un vacío aprovechado de manera informal para el juego. La ciudad utilizó el terreno antes de decidir su forma definitiva.

Primero el aparcamiento; después, el mercado

En julio de 1981 , el Boletín Oficial del Estado publicó el concurso municipal para construir y explotar un estacionamiento subterráneo en «Cuatro Caminos, antiguo Matadero de Santander». El pliego exigía un mínimo de 330 plazas . La convocatoria documenta el proyecto y su escala; no equivale al certificado de final de obra. 7

El Mercado de México abrió en 1985 . La información municipal le atribuye 32 puestos. No hemos localizado el acta que permita fijar aquí el día exacto de inauguración, de modo que el año es suficiente. 8

El nuevo mercado no reutilizó las naves descritas por Cabarga: se levantó en el entorno del solar después de que el edificio hubiera desaparecido. Tampoco puede afirmarse, sin un plano parcelario histórico, que cada metro de la plaza, el mercado y el aparcamiento coincida con el perímetro del matadero de 1797 o de 1896.

Sí existe una continuidad más sutil. El suelo siguió relacionado con la alimentación, pero cambió la parte de la cadena que la ciudad hacía visible. El matadero concentraba sacrificio, inspección y primera preparación; el mercado acercó al público la venta de alimentos. Entre ambos hubo un solar, una pista improvisada de petanca y una gran obra subterránea.

Un borde que dejó de serlo

La historia de Cuatro Caminos no cabe en la sustitución de un edificio por otro. Empieza con un servicio municipal trasladado en 1797; continúa con obras entre 1879 y 1892 y una inauguración atribuida a 1896; atraviesa décadas de trabajo especializado; termina como matadero en septiembre de 1972 y reaparece como solar deportivo en 1974, aparcamiento proyectado en 1981 y mercado abierto en 1985.

Esa secuencia explica una transformación habitual pero difícil de ver: la ciudad coloca en sus márgenes las infraestructuras que necesita y no quiere cerca; después crece hasta rodearlas. Cuando las desplaza de nuevo, el terreno ya es central y admite usos distintos.

En Cuatro Caminos, el círculo de la plaza de toros ayuda a orientarse en la fotografía antigua. El matadero no dejó una forma tan reconocible. Su huella está repartida entre documentos, trabajos desaparecidos y una palabra que sobrevivió durante años: el solar.

Notas

  1. Carmen Delgado Viñas, «Evolución urbanística de una ciudad portuaria burguesa (Santander, 1750-1941)», Ería, 39(3), 2019, pp. 318 y 321.

  2. Carmen Gil de Arriba, «Tranvías en Santander, 1875-1953», Transportes, Servicios y Telecomunicaciones, 31, 2016, p. 100, nota 25.

  3. José Simón Cabarga, Santander. Guía de la ciudad, 1946, p. 141. 2

  4. Arnaldo Leal, «Sentido y conciencia en el habla técnica de los profesionales del circuito de la carne», 1979.

  5. Tribunal Supremo, sentencia de 3 de marzo de 1981, reproducida por vLex.

  6. Federación Cántabra de Bolos, Memoria Deportiva 1974, PDF 189 y 191.

  7. Boletín Oficial del Estado, 14 de julio de 1981, p. 16076.

  8. Ayuntamiento de Santander, «Mercado de México».