Un programa de fiestas informa de lo que va a ocurrir; un cartel intenta, además, darle una imagen a la ciudad. Dos carteles de las Ferias y Fiestas de Santander , diseñados por Mariano Pedrero en 1894 y 1905, permiten mirar la celebración estival como documento gráfico y no solo como antecedente de una agenda contemporánea.
Una pieza efímera que termina contando historia
Las fichas individuales conservadas en Wikimedia Commons fechan las obras el 3 de enero de 1894 y el 4 de enero de 1905, las atribuyen a Mariano Pedrero —1865-1927— y las identifican como dominio público. Esos datos permiten reutilizarlas y, al mismo tiempo, obligan a mantener unidos autor, fecha y procedencia.
Los carteles y programas nacen para circular durante poco tiempo. Precisamente por eso resultan valiosos cuando sobreviven: conservan títulos, lenguajes visuales y maneras de presentar públicamente una celebración. La Biblioteca Municipal de Santander incluye carteles, folletos, hojas sueltas y propaganda dentro de su colección de documentos efímeros, materiales que considera útiles para conocer la vida urbana del siglo XIX.
De las Ferias y Fiestas a la Semana Grande
Los carteles de 1894 y 1905 no deben leerse como si anunciaran la Semana Grande actual con su formato presente. Lo que demuestran de forma directa es que Santander ya utilizaba la denominación «Ferias y Fiestas» y encargaba imágenes específicas para proyectarlas públicamente.
La presentación turística municipal contemporánea sitúa la Semana Grande alrededor del día de Santiago, el 25 de julio, y enumera como rasgos generales las casetas gastronómicas, actividades, conciertos y ferias. Esa descripción ayuda a reconocer la continuidad de una temporada festiva, pero no prueba que cada actividad se repita todos los años ni permite reconstruir por sí sola la evolución completa desde 1905.
Dos escenarios de la memoria festiva
La Plaza Porticada y El Sardinero permiten leer dos dimensiones de las fiestas actuales: el centro urbano como espacio de encuentro y el frente marítimo como paisaje del verano santanderino. Las fotografías que acompañan este artículo no documentan un acto concreto de 2026; sirven para identificar esos escenarios sin atribuirles una programación todavía no confirmada.
Lo que el cartel permite afirmar —y lo que no
Los documentos acreditan dos obras, una autoría, sus fechas y sus títulos. No bastan, por sí solos, para afirmar cómo eran los programas completos de 1894 y 1905, cuántas jornadas duraban o cuándo surgió exactamente el modelo actual de Semana Grande. Mantener esa frontera convierte las imágenes en fuentes verificables en lugar de usarlas como simple decoración nostálgica.
La edición de 2026 dispone de su propia ficha actualizable. Este artículo cumple otra función: mostrar cómo los materiales gráficos y los fondos locales pueden sostener una historia de las fiestas construida documento a documento.