Tres arcos, una hornacina y un nombre sobre la entrada: iglesia de San Antonio. La fachada de Juan de la Cosa permite reconocer el templo, pero deja fuera una parte de su historia. Alrededor de la comunidad capuchina se desarrolló también una actividad educativa: una escolanía —un coro de niños— que estuvo en el origen del colegio San Antonio. 1

Para entender el conjunto conviene separar sus comienzos. La llegada de los religiosos a Santander, la construcción de la iglesia y la apertura del colegio ocurrieron en momentos distintos.

Antes de Juan de la Cosa

Francisco Gutiérrez sitúa la llegada de los capuchinos el 1 de abril de 1921. En su historia del entorno parroquial de Santa Lucía señala que, entre 1928 y 1936, residieron en el número 8 de Reina Victoria, con capilla y catequesis. 2

El traslado al conjunto de Juan de la Cosa llegó después. Gutiérrez fecha el comienzo de las obras en enero de 1941 y atribuye los planos a Ramiro Sainz Martínez. Para la inauguración de la iglesia da un día preciso: el 20 de febrero de 1944. 2

Existe otra fecha en circulación. La ficha de Guía de Santander sitúa la compra del solar en 1939 y el final de las obras en 1942. Podrían ser hitos diferentes, pero las fuentes consultadas no permiten asegurarlo. Por eso, 1944 se recoge aquí como fecha de inauguración según Gutiérrez, sin convertir 1942 en un error demostrado. 3

Vista oblicua del pórtico de San Antonio y del edificio contiguo, con escaleras y barandillas en primer plano
El pórtico y el edificio contiguo, fotografiados el 7 de septiembre de 2026. Esta vista permite leer el conjunto actual; no reconstruye su aspecto al inaugurarse. Por Santander, CC BY 4.0. Por SantanderCC BY 4.0

Aprender a leer y a cantar

La historia publicada por el colegio fija su comienzo en 1948 y lo vincula al padre Jacinto de Fontanil, nombre religioso de Emilio Lozano Mateos. Al recordar aquellos años, reproduce una memoria escolar de 1956 en la que Ignacio Romero de Raizábal describía un pequeño grupo inicial de quince niños, hijos de pescadores, que aprendían lectura y canto. 1

Ese recuerdo ayuda a entender la unión entre escuela y escolanía. La música formaba parte del aprendizaje desde el comienzo. La misma historia institucional explica que la enseñanza se dirigía a niños de familias pobres y que su sostenimiento combinaba donativos, aportaciones del Pan de los Pobres y ayuda de la comunidad capuchina. 1

La cifra y la descripción proceden de aquella memoria tal como la reproduce el colegio. Son un testimonio sobre sus primeros pasos, no un recuento de toda la infancia del barrio. Permiten, eso sí, reconocer una actividad que la fachada de la iglesia no cuenta: junto al culto, había niños aprendiendo y una organización que buscaba recursos para mantener la escuela.

Iglesia y parroquia no comenzaron a la vez

San Antonio adquirió condición parroquial en 1969. Gutiérrez recoge su creación el 25 de julio, con territorio procedente principalmente de Santa Lucía y una parte de San Roque, y su inauguración como parroquia el 8 de noviembre. También fecha la supresión parroquial el 1 de enero de 2004. 2

Esta secuencia distingue la vida del edificio de su función en la organización diocesana. La supresión de una parroquia no demuestra por sí sola el cierre de su iglesia.

La historia que conservó el colegio

En septiembre de 2021 los capuchinos dejaron la fraternidad de Santander. El colegio lo contó al despedir a Miguel Fuente, que había ejercido su dirección general. Ese testimonio registra la marcha de la comunidad y su repercusión en el centro; no determina cómo se gestiona hoy el templo. 4

Dos años después, con el 75 aniversario del colegio, llegó una publicación dedicada a su historia. Javier García-Galán Briones explicó que había transcrito el relato del fundador, acompañado de fotografías, y completado la etapa posterior con entrevistas, documentos y recuerdos. La presentación del libro permite conocer cómo se reunió ese archivo, aunque no sustituye la lectura de la obra. 5

Las fotografías de septiembre de 2026 muestran el pórtico, las escaleras y el nombre que sigue identificando la iglesia. La documentación añade lo que queda fuera del encuadre: la capilla anterior, la etapa parroquial y la escuela nacida junto al canto. Así, San Antonio puede leerse también como un lugar de la historia educativa de Santander.