En una sesión de 2025, Javier Ceballos «Cali» podía pasar horas devolviendo una pelota sin red ni marcador. Entre series había descanso, conversación y baño. La escena permite entender por qué las palas son algo más que dos trozos de madera: ordenan un pequeño tiempo compartido sobre la arena.
El Camello es hoy su lugar más reconocible en Santander. No es correcto decir que el juego nació allí ni que se practicó de forma continua durante un siglo.
Antes de El Camello
La versión mejor documentada hoy sitúa en 1928, en la playa de La Magdalena, la configuración local del juego que acabaría llamándose «palas cántabras». Ángel Ortiz Pérez «Gelín», nieto de Mariano Pérez, explicó a EFE que Mariano Pérez y Ramón Gancedo querían jugar al tenis sin poder pagar una pista: compraban pelotas a los recogepelotas de la Real Sociedad de Tenis, pero el salitre dañaba el cordaje de las raquetas. Mariano diseñó entonces una pala maciza de madera y encargó su fabricación a un carpintero; después, ambos pasaron a jugar en arena seca y sin bote.
Enseñaron la práctica a Modesto Barragán, Lucas Alonso y Luis Bolado, los otros tres integrantes de «Los cinco de Ribalaygua». Es un relato familiar recogido por una agencia reputada, no una patente ni una prueba de invención universal. El propio Gelín advierte de juegos semejantes anteriores o paralelos en otros países.
De juego de playa a práctica organizada
La exposición municipal de 2011, construida con objetos y fotografías conservados por la familia Pérez, situó en una entrevista realizada en 1993 por la Sociedad de Palistas La Caracola la consolidación del nombre «palas cántabras», antes «palas de playa». La misma fuente recuerda que la Sociedad Deportiva El Camello organizó en 1996 sus primeras veinticuatro horas, con Mariano Pérez y Cioli en el saque de honor.
El registro municipal vigente identifica a la «Agrupación Deportiva El Camello de palas Cántabras de Playa», número 596, inscrita el 25 de marzo de 2002. Esa inscripción prueba la existencia formal desde 2002, pero no debe retrotraerse automáticamente a 1996 ni usarse para afirmar continuidad jurídica con la sociedad citada por la familia.
Según el relato familiar presentado en 2011, más de cien participantes jugaron por grupos durante veinticuatro horas y la hazaña fue incluida en la edición de 1997 del Guinness. El archivo familiar concreta cien palistas, cinco grupos de veinte y una sesión desde el mediodía del sábado 27 hasta el mediodía del domingo 28 de julio de 1996. No se ha localizado una ficha canónica de Guinness, certificado o reproducción verificable de aquella edición; por eso la inclusión se atribuye a esas fuentes y no se presenta como un récord comprobado de forma independiente.
Una exposición celebrada en 2011 reunió objetos y fotografías custodiados por los hijos de Mariano Pérez. Es un archivo familiar convertido en relato público, no una cronología completa de las décadas intermedias.
El programa oficial de la Semana Grande documenta una sesión contemporánea completa: las XXVIII 12 Horas de Palas de Playa Tradicionales Cántabras, organizadas por la Asociación Deportiva El Camello, se celebraron el 19 de julio de 2025 en la playa de El Camello, de 09:00 a 21:00. La cita permite observar una práctica fechada sin convertirla en prueba de continuidad ininterrumpida desde 1928.
Compartir la arena
El Plan de explotación municipal de 2022 delimita zonas de juego con balizas azules y menciona expresamente el comienzo de la playa junto al aparcamiento de El Camello. La regulación demuestra que la práctica es estable y que debe convivir con baño, paso y seguridad.
Esa convivencia también forma parte de la tradición. El sonido de la pelota puede ser vínculo para quienes juegan y molestia para quien descansa cerca. Una comunidad duradera no solo conserva gestos: negocia espacio, horarios y cuidado de la playa.
La imagen y su límite
La fotografía principal sí muestra una partida real de palas cántabras en 2013 y se publica bajo licencia CC BY-SA 2.0. Su ficha no permite afirmar que fuera tomada en El Camello, de modo que documenta el juego, no el emplazamiento preciso. Las fotografías de prensa de 2025 siguen siendo fuentes y no se reproducen sin una licencia compatible.
Quedan dos comprobaciones valiosas: el certificado o la página de Guinness de 1997 y una sesión contemporánea documentada por la propia asociación con lugar, participantes y permiso de reutilización. Hasta entonces, cada detalle conserva visible el tipo de fuente que lo sostiene.
