El Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales conserva cerca de un centenar de dibujos de Luisa de la Vega. Entre los organismos representados hay estrellas de mar, algas, esponjas y poliquetos, un grupo de gusanos marinos. Ese conjunto permite acercarse a una parte del Santander científico a través de un trabajo concreto: observar animales y hacer que sus formas pudieran estudiarse también sobre el papel. 1

La pregunta no termina en quién dibujó aquellas láminas. Importa saber para qué servían, en qué condiciones se hicieron y qué lugar ocupaba su autora en la institución que las necesitaba.

Una estación que comenzó en locales provisionales

El decreto firmado el 14 de mayo de 1886 y publicado dos días después creó un laboratorio dedicado a la zoología y la botánica marinas. Su emplazamiento todavía debía decidirse. Entre sus objetivos figuraban estudiar y enseñar la vida de las costas, aplicar los conocimientos a las industrias marítimas y preparar colecciones para museos y centros educativos. 2

La historia institucional del IEO sitúa la primera instalación santanderina en una casa de huéspedes en 1889. Poco después pasó a una vivienda de la Segunda Playa del Sardinero. El edificio inaugurado en 1907 reunió museo y acuarios en la planta baja, con laboratorios y despachos arriba. Entre la aprobación y esa sede transcurrió una etapa de cambios de local. 3

Aquellas funciones explican por qué conservar una representación podía formar parte del trabajo diario. Un ejemplar recogido, una colección preparada para enseñar y un dibujo destinado a compararlo con otro organismo eran maneras distintas de hacer accesible la observación.

El color también era información

Según la exposición organizada por el Museo Marítimo y el IEO, la conservación de animales alteraba su pigmentación. La ilustración permitía registrar rasgos que el tiempo podía borrar. Luisa se había formado en dibujo y acuarela en Nápoles y trabajó vinculada a la estación santanderina desde 1889. 4

En ese contexto, el color y el contorno tenían una función descriptiva. Una lámina podía conservar diferencias necesarias para reconocer un organismo. Leer estas imágenes exige preguntarse qué detalle quisieron fijar y qué relación guardaba con el ejemplar observado. Su belleza puede atraer la mirada; su uso científico requiere atender también a la identificación y la procedencia.

La descripción del archivo del CSIC confirma que esa labor continuó después en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Las obras conservadas permiten estudiar una trayectoria que une Santander y Madrid, aunque una relación de fondos no resuelve por sí sola dónde ni cuándo se ejecutó cada dibujo. 1

La lámina de la estrella de mar reúne dos vistas del mismo animal. Las espinas y las superficies quedan descritas con distinto detalle: comparar ambas caras permite observar qué información aporta cada posición. La signatura visible, ACN110D/003/08988, permite identificar la reproducción; el estudio de Oceánicas la incluye entre las ilustraciones de Luisa conservadas en el MNCN. 5

Lámina con dos vistas de una estrella de mar, detalle de las espinas, firma de Vega y signatura ACN110D/003/08988
Dos vistas de una estrella de mar dibujada por Luisa de la Vega. Archivo del MNCN, ACN110D/003/08988. La reproducción permite comparar ambas caras del animal; no se atribuye aquí fecha ni lugar de ejecución. Luisa de la Vega; reproducción del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), vía Wikimedia CommonsCC BY 4.0

Trabajar y ocupar una plaza

La exposición fecha el nombramiento de Luisa como ayudante interina en el 4 de octubre de 1900 y su cese exactamente un año después. Atribuye este último a la falta de la titulación requerida para el puesto. 4

Hay que conservar una cautela junto a esa secuencia. Otra ficha del CSIC sitúa el comienzo de una relación artística con el museo madrileño en 1900. Los resúmenes institucionales discrepan sobre la adscripción y no bastan para resolver el expediente. La ficha aporta signaturas que permiten continuar la comprobación, pero aquí no se presenta como si se hubieran leído esos documentos originales. 6

Lo acreditado sobre sus dibujos y lo pendiente sobre su situación administrativa pertenecen a preguntas distintas. La ausencia de una resolución consultada impide precisar todas las condiciones del empleo; no borra la existencia de la obra que conservan los archivos.

Volver a las láminas

Simurg ofrece una colección digital con su nombre. El índice consultado enumera 57 objetos, mientras la noticia del archivo habla de cerca de un centenar de dibujos conservados. Son recuentos de conjuntos distintos y no deben utilizarse como cifras intercambiables ni como inventario completo de su producción. 1 7

El siguiente paso para conocer mejor a Luisa es acercar cada imagen a su ficha: autoría, fecha, organismo, soporte y uso. Así puede contarse su contribución a Santander sin reducirla a una mención dentro de la biografía de Augusto González de Linares, con quien trabajó en la estación. 6

La historia que dejan esas láminas es la de una labor necesaria para estudiar el mar. La reconstrucción de su reconocimiento profesional sigue abierta allí donde los expedientes aún deben hablar.

Notas

  1. CSIC, noticia del Archivo del MNCN, 8 de junio de 2026. 2 3

  2. Gaceta de Madrid, 16 de mayo de 1886, pp. 459-460.

  3. IEO, historia del Centro Oceanográfico de Santander, primeros emplazamientos.

  4. Museo Marítimo del Cantábrico e IEO-CSIC, exposición sobre Luisa de la Vega, apartados «Reconocer para mostrar» y «Santander». 2

  5. Sandra Álamo Poza, Oceánicas, 1 de diciembre de 2021, apartado «Láminas de otros invertebrados marinos», signatura ACN110D/003/08988.

  6. CSIC, Vega Weter, Luisa de la, perfil y relación de archivos; la discrepancia de adscripción de 1900 sigue sin resolverse. 2

  7. Simurg, Colección iconográfica del MNCN, índice de la colección Luisa de la Vega Wetter consultado el 5 de septiembre de 2026.