Sobre la puerta de Nuestra Señora de la Consolación hay dos cabezas talladas en piedra. A los lados, dos placas hablan de personas y recuerdos del barrio. Por encima se levanta una portada con hornacina, cobijada bajo un arco mucho mayor. La fachada reúne, a distintas alturas, varias maneras de contar la historia: el lenguaje religioso, la arquitectura y la memoria que los vecinos decidieron dejar escrita.

La iglesia de la Calle Alta invita a leer despacio. Para entenderla hay que distinguir el antiguo hospital, el templo que hoy vemos y la comunidad que lo ha utilizado. Sus historias se cruzan, pero cada una tiene sus fechas, sus documentos y sus protagonistas. Empezar por esa diferencia permite acercarse a Consolación sin reducirla a una antigüedad, un estilo o una lista de imágenes.

Antes de la iglesia: un lugar en el camino

El estudio arqueológico municipal del Cabildo de Arriba sitúa el crecimiento del arrabal medieval en la prolongación de la Rúa Mayor hacia el oeste, por el camino de Burgos. En ese entorno coloca la capilla y el hospital de Santa María de la Calzada, también llamado de Consolación. La situación ayuda a comprender su función: un establecimiento de acogida junto a una vía de entrada a la población. 1

Un hospital de este tipo combinaba asistencia y amparo religioso. Conviene pensar en la escala del lugar —una capilla y dependencias de acogida— antes de trasladar al pasado la imagen de un hospital contemporáneo. El nombre de la Calzada conserva precisamente esa relación con el tránsito.

González Echegaray recoge una mención de 1321 al Hospital de Nuestra Señora de la Calzada. También transmite noticias de Fresnedo sobre un fundador, Ruy de Escalante, que reconoce no haber podido confirmar documentalmente. La mención antigua acredita una existencia; no proporciona por sí sola el día de fundación. 2

Catalina y María: las personas que lo cuidaban

La misma historiadora identifica un contrato de 1620: Catalina de la Teja, beata, y su hermana María, hospitalera, se comprometían a atender la ermita y el hospital, aportando ajuar y muebles. 2

Es un detalle pequeño que cambia la perspectiva. Frente a una historia formada únicamente por promotores y maestros de obras, aparecen dos mujeres con tareas diferenciadas y bienes que ponían al servicio del establecimiento. El cuidado tenía una organización y unas condiciones. Limpiar, mantener y atender también formaban parte de la existencia material del santuario.

Los nombres permiten formular preguntas concretas para seguir investigando: qué obligaciones asumían, cómo se sostenía la casa y qué relación tenían con quienes administraban sus recursos. Recuperar el contrato completo aportaría más que añadir otra fecha a la fachada. Abriría una parte de la historia cotidiana que la arquitectura, por sí sola, apenas deja ver.

El dinero de México y la construcción del templo

El legado de Pedro Corbán de la Vega, residente en México, ascendía a 212.558 reales destinados a ampliar la capilla. Según González Echegaray, el obispo Francisco Javier de Arriaza aplicó, con autorización, una parte a los gastos de convertir la colegiata en catedral. Atribuye la obra de Consolación a Francisco Pérez del Hoyo y fecha su comienzo en 1757. 2

Aquí se encuentran dos escalas: una iniciativa vinculada a una capilla y las necesidades de la organización eclesiástica de Santander. La cantidad testamentaria no debe confundirse con el coste final del edificio. Para reconstruir cuánto se recibió y cómo se gastó harían falta el legado y las cuentas de obra; la cifra aislada no permite repartir el dinero entre partidas.

La ficha de Guía de Santander sitúa la terminación el 3 de septiembre de 1773 y el regreso de la Virgen desde la catedral el 8 de agosto de 1774. Son dos hitos diferentes: terminar la construcción y devolver la imagen al templo. La fecha del traslado se recoge aquí según esa guía, a falta de cotejar el acta original. 3

Todavía quedaba otro cambio institucional. Consolación adquirió categoría parroquial en 1868, bajo el obispo José López Crespo. La iglesia había servido también como capilla de los mareantes del Cabildo de Arriba. 2 Por eso, la historia parroquial no comienza en la Edad Media, aunque el lugar tenga antecedentes medievales.

Leer la piedra desde la Calle Alta

Fachada de Consolación, con la portada cobijada por un gran arco y las campanas en la espadaña
La portada queda protegida por un arco de mucha mayor escala. Fotografía propia aportada en septiembre de 2026. Por Santander, CC BY 4.0. Por SantanderCC BY 4.0

La fotografía frontal muestra una composición que puede leerse de abajo arriba. Primero, la puerta de madera y su arco. Después, una franja de relieves separada por elementos verticales. Más arriba, la hornacina con una figura de Cristo, entre remates curvos. El gran arco exterior reúne estos elementos y deja una zona de sombra alrededor de la entrada.

El contraste de materiales también resulta visible. La portada emplea bloques regulares y superficies labradas; los paños laterales presentan una fábrica más irregular. Mirar la unión entre ambos ayuda a reconocer dónde se concentra el trabajo ornamental. No toda la fachada recibe el mismo tratamiento ni cumple el mismo papel en la composición.

Turismo de Santander clasifica el edificio como barroco clasicista. 4 La expresión cobra sentido al observar la combinación de orden y adorno: una organización clara alrededor de un eje central, con molduras, relieves y volutas concentrados en la entrada. La espadaña prolonga ese eje hacia las campanas.

Las dos cabezas del friso se identifican con san Emeterio y san Celedonio en el estudio de Pilar Pérez Camarero. 5 Son un detalle que merece detener la mirada: la advocación mariana del templo convive en su portada con una referencia a los santos de Santander. La fachada puede leerse así a la vez en relación con el culto del edificio y con la ciudad.

Dentro: una nave y varias edades

Interior de Consolación durante una celebración, con bóvedas de nervios, bancos y retablo mayor al fondo
La nave y el retablo mayor durante una celebración, enero de 2013 según la ficha de Commons. Zarateman / Wikimedia Commons, CC0 1.0. Zarateman / Wikimedia CommonsCC0 1.0

La imagen de Zarateman permite entrar visualmente en el templo. Los arcos marcan sucesivos tramos, los nervios recorren la cubierta y el retablo ocupa el fondo. Los bancos conducen la mirada hacia la cabecera. Al acercarse a la fotografía se reconocen, además, huecos laterales y la diferencia entre la piedra vista y los paños claros.

Esta fotografía documenta enero de 2013. Resulta útil para comprender las proporciones interiores, pero no fecha cada pieza que aparece en ella. Tampoco permite afirmar que todo el conjunto conserve el aspecto de 1773. Una iglesia en uso incorpora reparaciones, sustituciones y cambios de disposición que deben rastrearse por separado.

Ya en 1912, la Guía de la Provincia de Santander , firmada por «Un curioso», describía una iglesia pequeña, de una nave. La situaba al oeste de la ciudad, en el barrio de San Pedro, y asociaba buena parte de su feligresía a las clases populares. 6 Es la mirada de aquella guía, no un censo. Su interés está en mostrar cómo un observador de comienzos del siglo XX relacionaba el edificio con quienes acudían a él.

Un trabajo de 1885 que ayuda a entender las pérdidas

En 1885 se realizó un sagrario-manifestador, una pieza destinada a la reserva y exposición de la eucaristía. Francisco Gutiérrez Díaz identifica el diseño de Atilano Rodríguez Collado, la talla de Jacinto Rojí y la intervención decorativa de Nemesio Fernández Amiama y Manuel Robles Medina. La inauguración tuvo lugar el domingo 25 de octubre. 7

La identificación de los oficios devuelve espesor al interior: el mobiliario también fue un trabajo encargado, diseñado y ejecutado. Las obras continuaron después de levantarse los muros.

El estudio sitúa graves daños en 1936. Recurre a un informe eclesiástico de 1940 para describir el deterioro del altar mayor; distingue entre imágenes perdidas y elementos dañados. El autor no puede asegurar que el sagrario desapareciera entonces, aunque lo considera probable. En 2009 ya no se encontraba en la iglesia. 7

Sobre San Pedro existe una discrepancia: Gutiérrez lo cuenta entre las imágenes conservadas; González Echegaray lo había incluido entre las destruidas. Esta última fecha en octubre de 1939 la colocación de una nueva Virgen de Consolación, del taller vallisoletano de Daniel Pérez Díaz. 2 7

Comparar inventarios y fotografías anteriores y posteriores a la guerra permitiría aclararlo. Mientras tanto, la permanencia del edificio y la conservación de cada objeto deben examinarse por separado.

San Pedro: cuando la iglesia se abre a la fiesta

En Sotileza , publicada en 1885, Pereda sitúa a Consolación dentro de las fiestas de San Pedro. Tía Sidora explica a Andrés lo que se verá desde su casa: banderas entre balcones, puestos de comida y bebida, música, hogueras y movimiento por la calle. En medio de esa enumeración aparece la iglesia, abierta, con el altar iluminado y gente que entra y sale. 8

El pasaje tiene interés por la forma en que une los espacios. El lector pasa de la vivienda a la calle y de la calle al templo sin que la narración interrumpa la fiesta. La puerta de la iglesia forma parte de una circulación compartida. La celebración religiosa, el encuentro vecinal y el entretenimiento ocupan el mismo paisaje literario.

También importa quién lo cuenta. Es una conversación entre personajes, con la expectación de quien anuncia algo que merece verse y con la familiaridad de quien lo conoce desde niño. Pereda construye una memoria del barrio mediante voces, gestos y lugares reconocibles. No estamos leyendo el programa de un año determinado ni una relación notarial de lo sucedido.

Esa diferencia no resta valor al texto. Permite utilizarlo para lo que ofrece: una representación del mundo callealtero y del lugar que Consolación ocupa en él. La novela hace visible una iglesia frecuentada, integrada en los ritmos de la calle. Pero no autoriza a suponer que cada costumbre se mantuvo sin interrupción hasta nuestros días.

Un siglo después, el trabajo de campo de Pilar Pérez Camarero, realizado en el verano de 1996, encontró precisamente cambios y recuperaciones. Sus entrevistas distinguen la organización vecinal de las fiestas de la participación de la cofradía en la procesión. Uno de los testimonios sitúa una recuperación festiva en 1995. 5

La investigadora también recoge la función asistencial y mediadora de la iglesia. Son observaciones de aquel momento, útiles para entender relaciones dentro del barrio; no describen automáticamente su situación actual. Leídas junto a Pereda, muestran que una tradición necesita personas que la organicen y la vuelvan a hacer posible.

Las placas: recordar desde una fachada

Detalle de la portada con relieves y dos placas, una dedicada a jóvenes de Acción Católica y otra a Menéndez Pelayo
A la izquierda, memoria de jóvenes de Acción Católica; a la derecha, homenaje a Menéndez Pelayo. Fotografía aportada en septiembre de 2026. Por Santander, CC BY 4.0. Por SantanderCC BY 4.0

La placa situada a la derecha de la entrada recuerda a Marcelino Menéndez Pelayo en el centenario de su nacimiento, en 1956. Su texto habla del barrio, de sus paisanos y de la condición de callealtero. La elección de esta pared convierte la iglesia en soporte de un homenaje que va más allá de su historia religiosa.

Es importante leer lo que dice la inscripción sin añadirle lo que no dice. Conmemorar un nacimiento en el barrio no demuestra que ocurriera dentro del edificio ni que el bautismo se celebrara allí. Benito Madariaga de la Campa, al estudiar los antecedentes familiares de Menéndez Pelayo, sitúa el bautismo en la catedral a partir de la partida y explica la discusión sobre el domicilio natal. 9

A la izquierda, otra placa recuerda a jóvenes de Acción Católica de la parroquia. Enumera nombres y circunstancias de muerte. Su presencia documenta una forma concreta de conmemoración: quiénes fueron recordados, desde qué comunidad y con qué palabras. Investigar las biografías que contiene exige contrastar cada caso; la inscripción no sustituye ese trabajo.

Las dos placas comparten pared, pero construyen memorias distintas. Una reivindica una pertenencia al barrio; la otra mantiene un recuerdo de duelo dentro de la comunidad parroquial. Su convivencia añade otra edad a la fachada: además de la piedra labrada, están las decisiones posteriores sobre lo que debía quedar escrito y a la vista.

Una comunidad que también se cuenta en otros archivos

En 1993, Faro del Silencio publicó una crónica de la Asociación de Sordos de Santander y Cantabria. El 20 de junio había celebrado su 42 aniversario con una misa en Consolación, oficiada por Regino Chiquirrín, seguida de una comida y actos de reconocimiento a socios. 10

La noticia aporta una relación concreta, fechada y contada por la propia asociación. Amplía el mapa documental de la iglesia: su historia aparece también en publicaciones de colectivos que la utilizaron para celebrar acontecimientos propios. No permite fechar el inicio de toda la pastoral ni determinar los servicios actuales, pero sí reconocer una vinculación que merece una investigación específica.

La pregunta cambia al incorporar estas fuentes. Además de quién construyó la iglesia o quién talló una imagen, interesa saber quiénes la eligieron como lugar de reunión y cómo quedó registrado ese vínculo. Boletines, programas y álbumes familiares pueden conservar episodios que no figuran en las descripciones monumentales.

Fotografías antiguas y una historia que seguirá creciendo

José Antonio Torcida publicó en su blog de fotografía antigua una imagen que identifica como obra de Vallina, fechada en 1953: una pareja recién casada sale de Consolación junto a un taxi, con Tabacalera al fondo. Puede consultarse en su entrada sobre los fotógrafos de posguerra . 11 Se enlaza aquí porque no se ha localizado una autorización individual para reproducirla.

Ese tipo de fotografía puede ayudar a reconstruir la relación entre la puerta y la calle: el acceso, los edificios próximos y los usos cotidianos del entorno. Para compararla con una vista actual habría que conservar el encuadre completo, identificar la fecha y distinguir los cambios materiales de los efectos del punto de vista.

Otra vía se abrió con la exposición del 250 aniversario, anunciada en el Parlamento de Cantabria del 8 de mayo al 10 de junio de 2024. Comisariada por Lourdes Martínez, reunía alrededor de veinte paneles con imágenes y textos sobre el templo y la parroquia. 12 Localizar esos materiales y sus créditos puede facilitar nuevas incorporaciones.

Esta primera versión deja tareas precisas: examinar el legado y las cuentas de construcción, cotejar los inventarios de imágenes, recuperar fotografías identificadas y recoger testimonios con su contexto y consentimiento. Las tres vistas propias de 2026 y el interior de 2013 son puntos de comparación fechados. A partir de ellos, y de los documentos reunidos, Consolación puede seguir contándose como un edificio al que sucesivas generaciones han dado cuidado, usos y memoria.

Notas

  1. Ayuntamiento de Santander, Cabildo de Arriba: Anejo 3. Estudio Arqueológico, pp. 9 y 11–12. Consultar el documento.

  2. María del Carmen González Echegaray, Santuarios marianos en Cantabria (1988), pp. 35–38. Ejemplar digital del Centro de Estudios Montañeses. Documentos antiguos conocidos a través de esta investigación. 2 3 4 5

  3. Guía de Santander, «Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación (Pastoral de Sordos)», 14 de mayo de 2021.

  4. Turismo de Santander, «Edificios religiosos», apartado de Consolación.

  5. Pilar Pérez Camarero, «La fiesta de San Pedro en la Calle Alta de Santander: identidad local, devoción popular y cambio frente a permanencia», Religiosidad popular: V Jornadas, pp. 393–412. Trabajo de campo de 1996. Estudio en la Biblioteca Electrónica del Instituto de Estudios Almerienses. 2

  6. «Un curioso», Guía de la Provincia de Santander (Santander, La Atalaya, 1912), p. 133. Ejemplar digital.

  7. Francisco Gutiérrez Díaz, «El tallista santanderino Jacinto Rojí Portilla (1842-1893)», Altamira, 77 (2009), pp. 62–63 y notas 43–46, p. 84. Consultar el estudio. 2 3

  8. José María de Pereda, Sotileza (1885), pasaje sobre las fiestas de San Pedro. Texto de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

  9. Benito Madariaga de la Campa, «Marcelino Menéndez Pelayo: siglo y medio entre los cántabros», Cantabria, julio–septiembre de 2006, pp. 28–31. Artículo, especialmente p. 29.

  10. Asociación de Sordos de Santander y Cantabria, crónica del 42 aniversario, Faro del Silencio, 136 (1993), p. 53, página 35 del PDF. Consultar en CNSE.

  11. José Antonio Torcida, «Los leiquistas y fotógrafos de posguerra en Santander (actualización 1)», 24 de junio de 2012. Identificación y fecha de la fotografía según el coleccionista.

  12. Fundación Santander Creativa, anuncio de la exposición de 2024. Se ha consultado el anuncio, no el conjunto de paneles.